Artistas nicaragüenses salen del exilio en Costa Rica

Artistas nicaragüenses salen del exilio en Costa Rica

«La capacidad de crear es análoga a la capacidad de sobrevivir», dijo una vez el pianista y compositor austriaco Viktor Ullman. Grandes obras han sido creadas por artistas que han hecho del arte un medio de catarsis para expresar sentimientos difíciles de verbalizar.

En Costa Rica, las diferentes expresiones artísticas han sido precisamente la forma en que algunos nicaragüenses enfrentan laLas dificultades económicas y emocionales que causa el desplazamiento forzado.

La cantautora Olguita Acuña, la artesana Ruth Blass, el colectivo PaCreSer y Proyecto ExiliaD.OS hicieron del exilio un escenario donde emergieron a través del arte. Son unicos Llegaron a Costa Rica tras la crisis sociopolítica en Nicaragua de 2018 y son solicitantes de asilo.

La inquietante voz de Olguita Acuña

Acuña en una de sus presentaciones en Costa Rica. Foto: Cortesía / Candy Solano

Cada 8 de julio, en la Plaza de la Democracia de San José, se escucha la voz de Olguita Acuña. Participe en la conmemoración de las víctimas de la represión estatal que realizan cada mes los exiliados de Caracas.

Su voz es fuerte, cautivadora y una de las referencias dentro de la comunidad nicaragüense en el exilio en Costa Rica. “En Nicaragua, trabajé como capacitador para un centro de llamadas, Di lecciones a niños de mi comunidad y aquí vine a convertirme en cantautora ”, explica.

Nació con el don del canto, desde pequeña participó en el coro de la iglesia y cuando cantaba lo hacía como Hobby, pero nunca pensó que la música lo ayudaría a sobrevivir. “Vine a Costa Rica a escribir música sobre mi ansiedad, violencia contra las mujeres, represión en Nicaragua, canciones de melancolía, cómo es extrañar a la familia y por lo tanto, cuando veía y cantaba mis propias canciones”, describe con entusiasmo.

La emoción con la que ahora cuenta su historia nació mucho después de su llegada, porque al principio fue difícil. Pasó un año sin permiso de trabajo y esto redujo la posibilidad de un empleo estable. “Solo tenía mi computadora y encontré trabajos mal pagados en línea”, dice Acuña.

La necesidad la llevó a probar suerte audicionando en un bar Josefino, el dueño del local la escuchó, logró que la contrataran para su primera presentación en octubre de 2018 y desde entonces no ha dejado de cantar.

La voz de Acuña comenzó a escucharse en museos, en las actividades de exiliados y organizaciones, en bares y restaurantes de la capital costarricense.

Historia de la interpretación cubre para componer tu música. “Cuando canto, lo siento aquí, aquí”, dijo señalando su pecho, “y en mi vientre, y digo ‘Jesucristo, ¿cuándo va a terminar esto?’ Y, en cierto modo, ya no puedo cantar simplemente por ese sentimiento. La música ya se ha convertido en un ingreso y una forma de sobrevivir «, dice..

Hizo de la música una herramienta para conectarse con la gente y lo que estaba sintiendo, su forma de dejar ir la rabia, la frustración y la ira. A partir de ahora, a través del canto, se libera, se nutre y tiene impacto social.

«Je voudrais dire aux gens que nous sommes ici, que nous sommes nombreux, que nous pouvons encore faire quelque chose d’ici et si la seule façon de le faire est par la musique, alors chantons tous», s’exclame-t- Él.

De emprendedor a artesano

El taller de Ruth está al final de su casa, en la esquina de la lavandería. El espacio está abierto y bien iluminado, está su mesa de trabajo llena de pinceles, acuarelas, hilos de tejer y algunos cuadros de negritas -mujeres afrodescendientes- que tanto le encanta pintar.

Ruth Blass, además de pintar, lleva casi tres años confeccionando varios tejidos de crochet, cuando llegó a Costa Rica. En Nicaragua, fue una de las arquitectas más reconocidas de Masatepe, en Masaya.

«Tuvimos que irnos por la situación sociopolítica en Nicaragua … Vine con mis dos hijos menores», dice. Describe su exilio como una de las pruebas más grandes por las que ha pasado y que lo obligó a salir de su zona de confort.

La arquitecta Ruth Blass, originaria de Masatepe, se exilió en Costa Rica. Foto: Katherine Estrada

Pasó de presentar y dirigir proyectos de construcción a realizar pinturas y artesanías que comenzó a vender para ganar dinero. “La artesanía y el arte fueron para mí un Hobby que tenía la intención de usar cuando me jubilara. Aquí me ha ayudado a sobrevivir y eliminar el estrés ”, dice.

En Tres Ríos, cantón de Cartago, fundó la Asociación de Mujeres Artesanas y así comenzó a ofrecer sus pinturas en las ferias que el municipio organiza cada fin de semana, lo que le permite darse a conocer en la comunidad.

A través del entrenamiento, refinó su acabado y aprendió diferentes técnicas. Además, incursionó en el arte del crochet, que se convirtió en su principal fuente de ingresos. Ahora conocida por la comunidad migrante de Costa Rica, forma parte del colectivo Las Pinoleras formado por mujeres nicaragüenses que ofrecen sus productos a través de la mercado virtual y en algunas ferias presenciales.

‘Doña Ruth’, como se la conoce dentro de la comunidad nicaragüense en el exilio, ahora pinta poco, ya que los materiales son muy caros, por lo que se dedica principalmente a la confección de complementos y artesanías en su negocio. «Cheques de Ruth». Sueña con tener un espacio donde no solo pueda vender sus creaciones, sino también dar lecciones.

Exilio DOS

En marzo de 2019, un video satírico titulado «La silla antivandálica» que surgió como resultado de Manifestación reprimida por la policía en el centro comercial de la capital nicaragüense, Metrocentro. Producido por jóvenes nicaragüenses que luego querían embarcarse en la producción audiovisual en Costa Rica, el video se ha vuelto viral.

Se trata de Carlos Andrés Monterrey, Sadie Rivas, Marcos Alonzo y Scarleth González, quienes se exiliaron en el vecino país, abandonando sus carreras académicas tras involucrarse en las protestas reprimidas por el régimen de Ortega.

Con pocas oportunidades laborales en el horizonte y ganas de emprender, comenzaron a crear producciones audiovisuales. “En ese momento, no sabíamos nada de lo que sabemos ahora”, dice Monterrey, coordinador del proyecto que llamaron Exilio DOS en referencia a los desplazamientos forzados que sufrieron e insistiendo en las iniciales del presidente de Daniel Ortega Savedra, quien provocó los exiliados en 2018, dicen.

De izquierda a derecha: Sadie Rivas, Carlos Andrés Monterrey, Marcos Alonzo y Scarleth Gonzalez, integrantes del proyecto Exilia DOS en San José, Costa Rica. Foto: Katherine Estrada

El productor audiovisual Marcos Alonzo dice que hicieron su primer bosquejo con sus propios equipos. “Solo teníamos unas pocas cámaras, una memoria que no nos permitía grabar en buena resolución y con presupuesto cero”, se ríe. Poco a poco fueron obteniendo pequeños patrocinios que les permitieron mejorar la calidad de sus cortometrajes.

A pesar de las limitaciones económicas, como ninguno de ellos tenía trabajo, no abandonaron la idea. “Le dimos mucho cariño, porque queríamos ofrecer una plataforma que visibilice las historias del exilio, que no estaban lejos del nuestro … proyecto.

En la marcha Exilia DOS propusieron contar realidades de las que no hablamos, avivar el debate político e incluso crear una memoria histórica, dice Monterrey.

Actualmente, están produciendo una docuserie del mismo nombre, que consta de seis capítulos que cubren diferentes facetas del exilio nicaragüense a través de historias frescas y sin filtrar, explica González, productora ejecutiva.

Un colectivo teatral y gastronómico

Jordan Taisigüe y Emeling Vélez del colectivo PaCreSer. San José Costa Rica. Foto cortesía

PaCreSer significa «Crecer y ser», como lo describe Jordan Taisig.Dóndeey Emeling Vélez, colectivo artístico nacido de la migración de sus integrantes a Costa Rica y cuyo objetivo es promover el arte y la cultura nicaragüense en Costa Rica a través de la gastronomía y el teatro.

TaisigDóndeoriundo de Río San Juan y residente en Managua, es antropólogo y fue profesor de humanidades en la Universidad de las Américas, la Universidad Politécnica y la Universidad Paulo Freire. Vélez es originario de Granada, director turístico y hotelero y tenía su propio negocio en la ciudad colonial.

Hoy son promotores culturales, definiendo así la profesión que ejercen en Costa Rica dentro del grupo que se caracteriza entre la comunidad en el exilio por vender platos típicos y a su vez contar la historia de sus orígenes. “No solo iniciamos este proyecto para sobrevivir, también queremos que la comida nicaragüense se siga degustando en este país, pero, más que eso, quiero conservar la receta de mis antepasados”, explica Vélez.

los El proyecto de arte se llama Rebrote, en honor a su renacimiento en el exilio, y educa a través del teatro. “Renacemos en este nuevo país e intentamos que el arte no sea solo para entretener, sino también para concienciar”, describe Taisig.Dóndey.

Desde el teatro abordan temas sociales en diversas comunidades donde viven los nicaragüenses y colaboran con la Municipalidad de Desamparados, un barrio de San José, contando historias a los niños de la zona.

PaCreSer propose également des ateliers de danse, de poésie, de théâtre et de marionnettes.« Cela a été notre contribution à ce pays, pour qu’ils voient que nous ne venons pas seulement pour demander, mais aussi pour partager notre art », poursuit -Él.

Gracias a los fondos del Ministerio de Cultura de Costa Rica, TaisigDóndeEscribió una obra de teatro sobre la migración llamada «Érase una vez en una ciudad de cartón», en la que también juega.

“Hay oportunidades aquí que nunca tuvimos allá”, dice Vélez. En Costa Rica, estos nuevos artistas han encontrado aceptación en la comunidad, así como el apoyo de instituciones costarricenses. El arte no solo se ha convertido en un ingreso económico, sino también en un medio de denuncia, una forma creativa de transmutar sus sentimientos a través de piezas que les permitan resistir y sobrevivir.

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