CELAC o el multilateralismo de la desvergüenza

CELAC o el multilateralismo de la desvergüenza

La cumbre de la CELAC deja un precio de gran dolor y sin gloria. Para empezar con pompa, López Obrador tuvo la idea de compartir con Díaz Canel como invitado de honor el tradicional desfile del Día de la Independencia. No es norma que los líderes extranjeros participen en un acto que, solemne como pocos, es un ejercicio de revalidación del arraigado sentimiento nacionalista mexicano.

No solo eso, también le dio el micrófono y el podio oficial con el escudo de la nación, casi un sacrilegio. Fue utilizado por el actual alto funcionario del régimen cubano para la historia familiar: el imperio, el «bloqueo» estadounidense y otras ficciones obsoletas. Al respecto, nunca es exagerado señalar que el grueso de las importaciones cubanas de alimentos y medicinas provienen de Estados Unidos, a pesar del embargo, término adecuado para las sanciones comerciales en cuestión.

López Obrador aprovechó para reiterar su indulgencia y su posición como principal propagandista de la dictadura cubana. Vuelve así a los temas de la “resistencia” y la “dignidad” de los cubanos; que solo se aplica a un pueblo que sufre 62 años de opresión, nunca a los opresores. Concluyó pidiendo a la administración Biden «respetuosamente» que pusiera fin al «bloqueo». Por tanto, no es de extrañar que hayan surgido voces de indignación en la sociedad mexicana. Esto se debe a que «el grito» es también un grito de libertad, una noción ajena al Partido Comunista de Cuba.

A esto le siguió la aparición de Nicolás Maduro en el gran evento, quien llegó al volante de su propio vehículo y con el gesto de la «V» de victoria en la mano, casi como una celebridad que llega a los Oscar. La metáfora porque la Cancillería mexicana parece competente en el diseño escenográfico, y el encubrimiento, de un criminal con una recompensa de quince millones de dólares por su cabeza ofrecida por el mismo gobierno al que se dirigió «respetuosamente» el presidente.

La CELAC expresa no sólo el contenido de la idea castro-chavista del multilateralismo, sino también su forma, su estética obscena y descarada, la vulgaridad de sus relaciones internacionales. La presencia de Maduro en la cima se describe como una verdadera emboscada de matones, las delegaciones extranjeras no habían sido advertidas. Por supuesto, muchos no habrían asistido. Fue una violación de la ética diplomática, sorprendente para el secretario de Relaciones Exteriores históricamente profesional de México.

O quizás no sea tan sorprendente, ya que esta Cancillería está hoy en manos de los amigos de Díaz-Canel y Maduro, y su jefe aspira a la presidencia de la nación. No es difícil conectar los puntos. Veremos si consigue el objetivo, porque es muy cuesta arriba y sus traspiés se acumulan. Y veremos si cuenta con el apoyo político y financiero de tal empresa. La historia del financiamiento chavista de campañas electorales fuera de Venezuela es larga.

El tercer acto de vergüenza fue el video discurso de Xi Jinping. Presidente de un país extrarregional, este último acto de traición fue sin embargo importante. Indica claramente cuál es el verdadero programa de la CELAC: reemplazar a la OEA – el único foro político para todo el hemisferio y cuya misión es defender y promover la democracia y los derechos humanos – y así excluir a Canadá y Estados Unidos, sirviendo así a China. intereses estratégicos en las Américas.

Curiosamente, hablan del «imperialismo yanqui» que da paso a una potencia asiática expansionista, una dictadura unipartidista que desconoce los principios constitucionales compartidos por todos en el continente y que nos obligan. Por eso nuestro marco normativo está plasmado en el sistema interamericano, es decir en la OEA: democracia con pluralismo partidista y derechos humanos, vale la pena repetirlo.

Quienes actúan como facilitadores de Xi Jinping no nos han explicado cómo sería tener a China como imperio dominante en el hemisferio occidental, es decir, no solo con el comercio sino también con una influencia política directa y una presencia militar. De hecho, López Obrador y sus clientes menores de edad en Argentina y Bolivia también nos deben el significado de su palabra favorita: “lacayo”.

Bueno, en Taiwán y Australia, por nombrar solo dos democracias liberales que viven bajo la amenaza diaria, tienen la explicación que nos deben escrita en nuestra piel. Desde sus costas se puede ver a diario la flota de la armada china, intimidaciones que se repiten a través de declaraciones y notas en la prensa oficial en forma de ultimátums perentorios.

Bueno, está el proyecto CELAC. La propia puesta en escena del espectáculo en cuestión es una prueba de que la democracia latinoamericana está en dificultades y en serias dificultades. Las reconfortantes palabras de Abdo y Lasso, y la memorable intervención de Lacalle Pou recitando «Patria y Vida» son, además, bienvenidas, pero no reparan un daño infligido de antemano. De hecho, lo corroboran.

Aún así, la cumbre fue un fracaso. Al no obtener apoyo para el plan inmediato para derrocar a la OEA, terminaron ampliando la brecha regional. Pero volverán al tema mil veces. Es mejor que las democracias del hemisferio despierten, elaboren estrategias comunes, coordinen sus acciones, fortalezcan su propio multilateralismo regional y defiendan las instituciones corruptas que aún conservamos antes de que sea demasiado tarde.

En cuanto a la política exterior de López Obrador, anfitrión de la cumbre no muy pomposa de la CELAC, el pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Cuba y Venezuela. Y de China, por supuesto.


* Artículo publicado originalmente en Infobae.

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