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El bicentenario, un homenaje al colonialismo – Prensa Libre

Por fin hemos llegado a la fecha prevista del Bicentenario de la Independencia, cuando Guatemala debía cumplir los buenos fines que ofrecía esta importante fecha, mencionada ante la Conferencia General de la Unesco, en el lejano octubre de 2009.

En esta ocasión, los representantes de Argentina, Bolivia, Chile, El Salvador, España, Guatemala, México, Perú y Venezuela, solicitaron apoyar la celebración del bicentenario, con 11 años de anticipación. Ils ont réaffirmé leur engagement à promouvoir le dialogue, la paix, la diversité culturelle, la sauvegarde de leur patrimoine culturel matériel et immatériel, les langues autochtones, l’environnement, le développement durable, la démocratie participative et le respect des droits de l’ hombre.

Guatemala tiene previsto hacer un análisis del Estado, forjado hace 200 años, que aún no se ha consolidado como la institución líder de la Nación. Que la cuestión de la independencia trascienda los conceptos obsoletos de símbolos nacionales, asignaturas escolares y formación cívica que no han creado ciudadanos libres conscientes de sus deberes y derechos. Nos invitó a releer la historia para descubrir cómo cambió el mundo durante ese tiempo; reflexionar sobre las lecciones aprendidas para mejorar el presente y sentar las bases de una Guatemala nueva, próspera y equitativa.

Es decir, el Estado desaprovechó la oportunidad de diseñar un itinerario que saliera del estancado país del siglo XIX en el que se encuentra, teniendo a su disposición la vasta información brindada por académicos que ofrecen, con magnitud y apoyo, una lectura clara de la historia con la que se podrían sentar las bases de la Guatemala del siglo XXI. Nada de eso, no lo hizo.

Más allá de promover cambios tendientes a iniciar un colonialismo arraigado, se impulsaron acciones que no alentaron a la gente a reflexionar sobre la República creada y menos aún, a imaginar el país deseado, sin atender siquiera las necesidades básicas de educación, salud, trabajo, vivienda; y menos aún, para resolver problemas de larga data como la desnutrición infantil, la mortalidad materna, la inseguridad y la violencia que la Constitución Política establece como postulados.

En cambio, optaron por proyectos intrascendentes, aunque costosos, como el Monumento al Bicentenario de la Independencia en la Ciudad de Guatemala, que no cumple con lo que debería haber significado la fecha icónica. El término monumento es de origen latino: Monumentum, cuyo sufijo mentum se refiere al espíritu, a la memoria, a la memoria; Por tanto, un monumento es un medio para recordar un acontecimiento o una persona relevante en la historia de un pueblo.

Reconstruir copiando o interpretando un edificio destruido por los terremotos de 1917-18 y terminado demolido por el Estado en vísperas del centenario (1921) va en contra de la integridad del centro histórico, de la imagen urbana y paisajística.

El Palacio Real, Palacio de los Capitanes Generales o de la Real Audiencia, sugiere su nombre, fue la sede de la Capitanía General del Reino de Guatemala, sede del representante del Rey. Relanzarlo, sea como sea, implica necesariamente restablecer un símbolo del opresor, del que los peninsulares que viven aquí han decidido separarse. La imitación, como memorial, parece más un elogio al Reino de España. Esta es la antítesis de lo que debería haber representado la ley de independencia.

Hoy, luego de dos siglos de este importante evento, que en todo caso no benefició al pueblo, que además, no participó de esta decisión, ya que se consideró que hubiera sido peligroso y con consecuencias imprevisibles que fuera el pueblo quien lo hizo. Auspicioso, el Monumento del Bicentenario de la Independencia no se justifica desde ningún punto de vista.


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