El mayor desastre lo provoca la ignorancia - Prensa Libre

Erradicar las narrativas de violencia y exclusión – Prensa Libre

Prevenir y erradicar la violencia contra las niñas y mujeres en Guatemala es una batalla que estamos lejos de haber ganado. Todos los días, todos los días, en este país, hay ataques, violaciones, desapariciones y asesinatos de niñas, adolescentes y mujeres que se naturalizan e incluso se justifican porque «quién sabe en qué se metió», «quién sabe cómo vestía». o «se le ocurre caminar sola por la calle».

Cada vez que una niña o un adolescente desaparece o una mujer es violada o asesinada, se alzan voces para pedir disculpas al abusador: “Estaba celosa”, “No sabía lo que estaba haciendo. Estaba haciendo”, “preguntó. porque ella la ignoró ”. o «que resulta ser una mala mujer». También se reproducen mensajes que niegan que muchas mujeres sean asesinadas precisamente por su condición de mujeres.

Todos estos argumentos que se multiplican ad infinitum en las redes sociales también están presentes en la predicación religiosa, en las cátedras de escuelas, institutos y universidades, en los discursos de figuras públicas y autoridades gubernamentales e incluso en columnas, programas de radio y televisión, y portadas de periódicos. Peor aún, se traducen en leyes que restringen las libertades y los derechos y buscan perpetuar la subordinación absoluta de las mujeres.

Si bien puede parecer increíble, lo que prevalece en la Guatemala del siglo XXI es la mala interpretación de que los hombres mandan, deciden y son dueños de la vida y el cuerpo de las niñas y mujeres, y que debemos obedecer, cuidar, servir y nunca negarnos tus deseos. . Esta cultura profundamente arraigada limita los derechos de las mujeres, nos coloca en una situación de extrema desigualdad, y establece roles y espacios diferenciados en los que quedamos relegadas exclusivamente al sector privado y a las tareas reproductivas y de cuidado.

En definitiva, prevalece la idea del sometimiento absoluto de lo femenino a lo masculino y que, al final, acaba justificando y naturalizando la violencia contra la mujer, los embarazos forzados de niñas y adolescentes y el acoso como forma de violencia relacional. en todos los ámbitos de la vida. Es por eso que, en lo que va del 2021, en Guatemala se han registrado más asesinatos de mujeres que días en el año, y hasta agosto se reportaron 1.271 nacimientos de niñas entre 10 y 14 años.

Eliminar la violencia contra las niñas, las adolescentes y las mujeres no es nuestra única responsabilidad. Es una cuestión que debe desafiar e involucrar a toda la sociedad. La justicia tiene un papel que jugar porque la impunidad es el mejor aliado de los agresores, violadores y asesinos de mujeres. El sistema educativo es fundamental en la transformación cultural y en la erradicación de estereotipos y antivalores que favorecen y fomentan relaciones de violencia, discriminación y exclusión.

Los medios de comunicación y los periodistas también son parte de la solución. Podemos ser reproductores de este sistema injusto cuando usamos lenguaje sexista, difundimos estereotipos, ayudamos a estigmatizar a niñas, adolescentes y mujeres; reproducimos el discurso del odio y justificamos la agresión y la violencia.

O, por el contrario, podemos asumir un ejercicio periodístico que promueva la construcción de una sociedad más equitativa y menos desigual, mediante la generación de información y análisis que deconstruyan la cultura machista y patriarcal. ¿Cómo? ‘O’ ¿Qué? Abandonar el uso de estereotipos, visibilizar las causas de la violencia, incluir a más mujeres como fuentes de información y dejar de verlas como meros números para nuestras notas. En definitiva, aportar un periodismo con enfoque de derechos e inclusión.


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