Estamos a su lado, jueza Erika Aifán – Prensa Libre

El mayor desastre lo provoca la ignorancia - Prensa Libre

Erika Aifán es juez desde hace 19 años. En 2002, la CC ordenó su nominación luego de resolver exitosamente el amparo que interpuso luego de que la CSJ se negara a nominarla, a pesar de la calificación más alta de la Escuela de Estudios Judiciales. Así llegó a la corte de Ixchiguán, San Marcos.

Este hecho que marcó el inicio de su carrera es el ejemplo más claro de su firmeza y su convicción de que nadie es superior a la ley. A los 27 años, Erika Lorena Aifán Dávila puso a prueba el sistema y logró restituir sus derechos violados. A partir de ahí, demostró su ética e independencia a la hora de hacer justicia. Y es por eso que los ataques en su contra no cesan.

Después de Ixchiguán, fue jueza penal en Jutiapa durante nueve años. Pasó un año en Santa Rosa, donde fue miembro del tribunal de sentencia y, desde 2016, está a cargo del tribunal D de alto riesgo. El acoso en su contra se ha incrementado a medida que avanzan los casos de gran corrupción de los que tiene conocimiento.

La mayoría involucran figuras de enorme poder político, económico y judicial. Redes criminales que hubieran pagado sobornos para obtener contratos de obra pública (casos Odebrecht, Construcción y Corrupción y Casa Antigua, el de maletas con 122 millones de Q). Estructuras integradas para percibir beneficios por la recaudación millonaria de comisiones ilegales (Red Política y Blanqueo de Capitales) o para influir indebidamente en la designación de las actuales CSJs y Tribunales de Apelación (Comisiones Paralelas 2020). También el proceso de financiamiento electoral ilegal que un grupo de empresarios de la dirección económica entregó a la FCN en la campaña que llevó a Jimmy Morales a la presidencia.

En un país como el nuestro, donde la justicia es cooptada, los jueces y fiscales independientes representan un obstáculo para las mafias. En su búsqueda de la impunidad, estas redes intentan por todos los medios hacerlas a un lado. No quieren investigaciones ni juicios, y mucho menos condenas.

Para lograr sus objetivos, utilizan varios mecanismos. Campañas de difamación, desinformación y amenazas a través de medios relacionados con el poder y redes sociales: Por ejemplo, el 9/10, desde una cuenta de Twitter, el juez Aifán fue amenazado de muerte. Su equipo de trabajo también se infiltró: la jueza interpuso más de un centenar de denuncias disciplinarias contra agentes de su juzgado por pérdida y robo de expedientes, filtración de información, filmación de procesos judiciales y sus viajes. Aunque se trata de infracciones extremadamente graves que merecen un despido, la decisión de las autoridades de OJ fue trasladar al personal. La criminalización mediante expedientes disciplinarios infundados y denuncias penales falsas es otra forma de acoso: en el diputado hay ocho denuncias en su contra que el fiscal general se niega a desestimar, aun cuando es evidente el uso malintencionado de figuras legales para privarla de su inmunidad. Por el contrario, se archivaron las denuncias que Aifán colocó por vigilancia en su casa y las persecuciones de autos sin placas.

Lo más preocupante son las dos solicitudes de retiro previas al juicio que debe resolver la CSJ. Ambas son denuncias maliciosas. Uno interpuesto por el ex juez Mynor Motto y el otro por el Instituto Judicial. Este último fue admitido por la Corte Suprema, pero el CC anterior lo dejó en suspenso al otorgar protección provisional. Si la CSJ las declara válidas, el juez podría ser removido de su cargo durante el curso de la investigación e, incluso, enviado a prisión.

Erika Aifán es un símbolo de la lucha contra la impunidad. Desde la dimensión de su valentía e independencia son los ataques que recibe. La grandeza de su dignidad y su integridad debe ser un apoyo ciudadano.