El mayor desastre lo provoca la ignorancia - Prensa Libre

Historia como hazaña o crimen – Prensa Libre

En un discurso el 13 de agosto, con motivo del 500 aniversario de la caída de Tenochtitlán, la capital del Imperio azteca, a los aventureros españoles bajo el mando de Hernán Cortés, el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador habló de manera peyorativa, sin nombrarlo, el historiador y escritor argentino Marcelo Gullo.

López Obrador deplora la conquista de Tenochtitlán como una tragedia histórica y se burla de Gullo, por haber declarado en su libro «Patria» que «España no conquistó América, pero España liberó América, porque Hernán Cortés unió 110 naciones mexicanas que vivían oprimidas por el canibalismo». tiranía de los aztecas y que lucharon con ella ”. Gullo respondió al presidente mexicano en una carta publicada a El Mundo el 25 de agosto, citando varias fuentes históricas que verifican que el Imperio Azteca sacrificaba anualmente decenas de miles de seres humanos en ceremonias para sus dioses, que eran caníbales y mantenían súbditos y tributarios, de muchos pueblos mexicanos y mesoamericanos.

La discusión pública entre López Obrador y Marcelo Gullo es un episodio de una polémica mayor, resaltada en la celebración o manifestación por el “Día de la Hispanidad”, que Mario Vargas Llosa resume en una pregunta en su ensayo El Nacimiento del Perú (1990): “ ¿Fue la llegada y ocupación de América por los europeos el mayor logro del Occidente cristiano o un crimen histórico monumental? Responder a esta pregunta va mucho más allá de narrar hechos históricos, ya que requiere interpretación, lo que conduce a sesgos.

Gullo y Vargas Llosa se preguntan cómo unos cientos de españoles pudieron conquistar imperios militares grandes y sofisticados con decenas de miles de guerreros, como los aztecas de México y los incas de Perú.
Gullo sostiene que Cortés logró esto aliarse con pueblos sometidos y reprimidos por los crueles aztecas; Vargas Llosa propone que Pizarro conquistó capturando al emperador inca que gobernaba a millones de personas, decapitando «la estructura vertical y totalitaria del Tahuntinsuyo» y los indios «vieron prisionero al hijo del Sol, la fuerza vivificante de su universo». El caso es que las modestas fuerzas españolas sometieron a los grandes imperios y cambiaron para siempre el curso de la historia.
La pregunta es intrigante: si Moctezuma, emperador de los aztecas o el inca del Perú, hubieran tenido la oportunidad y la capacidad de conquistar y someter al pueblo español, ¿lo habrían hecho? Sin duda la respuesta es sí.

Es difícil determinar si la historia es justa o injusta, heroica o trágica, hazaña o crimen, desde el prisma del presente. Quizás sea incorrecto pintar la conquista sobre un lienzo de heroísmo romántico cristiano civilizador, pero también es incorrecto describir a los pueblos indígenas de América como culturas pacifistas, ecológicas e igualitarias nobles y armoniosas. La historia humana está escrita en todos los continentes con tinta de sangre y conquista.

Al ver a los manifestantes intentar derribar una estatua de Cristóbal Colón en la Avenida de Las Américas el 12 de octubre, uno no puede evitar comparar con las violentas protestas del año pasado en ciudades de los Estados Unidos, demoliendo edificios, monumentos, demonizando el pasado. ¿No es este el mismo tipo de “invasión cultural” que tanto deploramos?

La pregunta de Vargas Llosa es un interesante ejercicio retórico, pero sobre todo irrelevante. Es más rentable preguntarse: ¿qué podemos hacer hoy? La respuesta no es demonizar el pasado, provocar conflictos y enfrentamientos, o el simbolismo de la destrucción de monumentos.


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