La Carpio, hogar de miles de nicaragüenses en Costa Rica

La Carpio, hogar de miles de nicaragüenses en Costa Rica

En uno de los márgenes de San José, la capital de Costa Rica, se encuentra La Carpio, un barrio de unos 23 kilómetros cuadrados que nació hace unos 28 años, tras la toma de tierras pertenecientes a la Caja Costarricense del Seguro Social. . Lleva el nombre de uno de los organizadores de la ocupación de la tierra, descrito por el Dr. Carlos Sandoval en su investigación Len Carpio. La experiencia de la segregación urbana y el estigma social.

El nombre de este ensayo dice mucho sobre este barrio de Josefino, que alberga a unas 25.000 personas, al menos la mitad de ellas nicaragüenses o de origen nicaragüense. Es, según Sandoval, «la comunidad binacional más grande del país». Pero también es un distrito marcado por la falta de servicios básicos y títulos de propiedad, por la pobreza, el hacinamiento y la «reputación» de ser peligroso. También es una comunidad rodeada por dos ríos contaminados, una planta de tratamiento de aguas residuales y un vertedero.

La exclusión geográfica o espacial, social y simbólica a la que alude Sandoval, ha creado un estigma en La Carpio. Sin embargo, solo se necesitan unas pocas visitas para darse cuenta de que debajo de este estigma hay mucho más. Quizás el mejor producto de esta exclusión es que sus habitantes han creado un ecosistema de autosuficiencia que le da mucha vida y personalidad a este barrio.

Las empresas formales e improvisadas de todo tipo de servicios son prueba de ello. En La Carpio hay de todo. En la calle principal, en cada cuadra y callejón, encontrarás una tienda de abarrotes, una tortillería, una zapatería, puestos de lotería, salones de belleza, talleres de vehículos o ventas improvisadas de pinol y pinolillo. Los negocios vibran en todas partes, todos tienen algo que vender y algo que comprar. Además, hay varias organizaciones sociales, iglesias, una escuela cuyas instalaciones todavía parecen bastante nuevas y pasillos comunales. El ajetreo y el bullicio no se detiene en todo el día, todos los días. Indira Rojas, fotógrafa nicaragüense residente en Costa Rica, capturó con su lente estos rostros y escenas de La Carpio, más allá del estigma.

Un sábado al mediodía, el calor obliga a algunos a quitarse la camiseta. Es común ver a grupos de personas salir a la calle y acomodarse a charlar bajo cualquier sombra. Jugar con una llanta de bicicleta también puede ser una distracción durante el fin de semana. Foto: Indira Rojas | Confidencial

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En La Carpio, no necesita frutas y verduras frescas económicas. No hay escasez de puestos, especialmente en «El Mercadito» ubicado en la cuarta parada de autobús. Foto: Indira Rojas | Confidencial

Nicaragüenses en Costa Rica
El Sistema de Formación Artística para la Inclusión Social (SIFAIS) es una fundación que opera en La Carpio desde 2011. Ofrece servicios socioeducativos artísticos, deportivos, técnicos y lingüísticos gratuitos. En la foto, un estudiante practica durante su clase de soldadura. Foto: Indira Rojas | Confidencial

Los zapatos y las sandalias se venden mucho, especialmente porque son más baratos aquí que en otras partes de San José, una ciudad bastante cara. Mientras los adultos ofrecen la mercadería en sus diferentes apartados, los niños y niñas los acompañan viendo la televisión, jugando con otros niños o mimando a sus mascotas. Foto: Indira Rojas | Confidencial

Las ventas callejeras también son habituales y tienen la ventaja de poder trasladar su oferta a todos los rincones de La Carpio. Foto: Indira Rojas | Confidencial

El fin de semana es un día ajetreado en los salones de belleza. Los clientes vienen en busca de una aplicación «sopladora», plancha o keratina. Foto: Indira Rojas | Confidencial

Las tardes las dedicamos a practicar el violín en el SIFAIS, especialmente cuando se acerca la fecha de una evaluación artística. Foto: Indira Rojas | Confidencial

En La Carpio, las tortillas calientes y recién hechas están muy disponibles. Es el acompañamiento por excelencia en las costumbres culinarias costarricenses y nicaragüenses. Foto: Indira Rojas | Confidencial

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