Óscar Arnulfo Romero, justicia y reconciliación

Óscar Arnulfo Romero

El 23 de febrero de 1977, Óscar Arnulfo Romero y Galdámez (1917-1980) fue nombrado Arzobispo de San Salvador, El Salvador. El 24 de marzo de 1980 fue asesinado por grupos fascistas en su país y el 14 de octubre de 2018 la Iglesia Católica lo declaró santo. Antes, la Iglesia Anglicana lo había hecho.

El jesuita mexicano Rafael Moreno Villa (Guadalajara, 1941) trabajó con el obispo Romero al inicio de su responsabilidad como arzobispo. Formó parte de su equipo como secretario de Asuntos Sociales. Allí lo trató y vivió con él. Y como colaborador, vivió de cerca su proceso de transformación.

Desde este conocimiento directo, desde la revisión de sus homilías y desde el diario de este ser humano excepcional, coherente hasta la muerte, comprometido con los más pobres y con la construcción de un mundo más justo y fraterno, escribe Monseñor Romero, testimonio vivo de justicia y reconciliación cristiana (Buena prensa, 2021).

No es una biografía ni una reflexión sobre su vida pero, como dice su autor, el libro «intenta describir el hilo conductor de su proceso de transformación, que lo llevó a ser un testimonio de justicia y reconciliación». El texto también contiene un panorama de la personalidad del obispo, que se convirtió en santo, de su obra y del contexto de la realidad que vivió en El Salvador.

En la introducción, durante la presentación de cada uno de los capítulos, Moreno Villa resume su contenido. Es esclarecedor, para entender su propósito, mencionar el título de cada capítulo y luego remitirse al resumen que presenta. Así es como entiende su contribución.

Monseñor Romero y su situación es el primer capítulo. Se ofrece una breve presentación del Arzobispo en el mundo y el contexto salvadoreño con el fin de dar a conocer el personaje y contextualizar la reflexión de los dos capítulos siguientes.

El segundo es Tu metamorfosis. Es un esfuerzo por sistematizar lo que algunos llaman la “conversión” del Arzobispo, que él siempre ha calificado como su proceso personal de “transformación”. El autor describe y explica esta dinámica procesual a partir de su convivencia con él.

Testimonio vivo de justicia y reconciliación es el tercer capítulo. El autor explica cómo el arzobispo logró reconciliarse sin suavizar las exigencias de la justicia social. Se describen los pasos en su forma de proceder, lo que lo convierte en un personaje tan especial reconocido a nivel nacional y mundial. Propone en qué consistió su mensaje y cuál fue su acción y su propuesta de solución a la situación de una sociedad polarizada y violenta como la de El Salvador.

El cuarto es Todo el significado de su canonización. El autor trata de entender, en el mundo actual, que la Iglesia decidió declarar santo al Arzobispo y cómo, ante este reconocimiento, por muchos creyentes, fue reconocido como «San Romero de América». Principalmente, pero no solo, en América Latina.

Monseñor aquí y ahora es el epílogo. Presenta aspectos de la forma de proceder del Arzobispo y el contenido de su mensaje. El autor asegura que son una enseñanza, para la Iglesia y para todo aquel que busque contribuir a la construcción de un mundo mejor. Incluye una reflexión sobre cómo el ahora santo sigue siendo un signo de contradicción dentro de la iglesia salvadoreña y un faro para iluminar y orientar a la comunidad de creyentes y no creyentes.

De mi lectura del texto, considero que hay un enfoque original y diferente de la figura de Monseñor Romero y destaco: La descripción que se hace del proceso decisión-acción del personaje; la presentación de su proceso de transformación y no conversión; su proximidad a los pobres siempre lo ha sido; la forma en que se trata la cuestión de la reconciliación-justicia y la metodología para lograrla; el marco de interpretación del significado de la canonización y el registro específico de su forma de proceder.

Es un texto llamado a convertirse en referencia, desde fuentes primarias, para acercarse y comprender mejor al personaje. Y también fuente para el trabajo de investigación en torno al ex arzobispo de San Salvador y luego santo, a pesar de los esfuerzos de sectores de la Iglesia que intentaron evitarlo. Les pareció, a algunos todavía les parece, un personaje «excesivamente» comprometido con los pobres y con el cambio social. El texto es una fuente de inspiración espiritual. Me dejó boquiabierto.

Es un acierto, que el autor hable en primera persona y que haga, sin abusar de él, referencias a la relación personal con el ahora santo. Es obvio que ella simpatiza con él, pero la obra no es una hagiografía. De hecho, es un texto testimonial y eso es parte de su valor. Las citas de las homilías y el diario permiten al lector entrar en contacto directo con la obra de San Romero de América.


* Artículo publicado originalmente en Animal político.