El mayor desastre lo provoca la ignorancia - Prensa Libre

Salud mental en Guatemala – Prensa Libre

Guatemala está loca. Corrupción, estrés. Impunidad, estrés. Violencia política, estrés. Falta de trabajo, estrés. Falta de hospitales y medicamentos, estrés. Levanta la canasta básica, estrés. Las escuelas y las universidades están cerradas, estrés. Aumento de la violencia sexual, estrés. Cállate, estrés. Aguanta los gritos y los golpes, el estrés. Ir a la cárcel por hablar o resistir la corrupción, estresado. Y a todo lo anterior, agregue una pandemia que aceleró los procesos de deterioro de la salud mental de muchas personas que ya mostraban signos de afecciones preexistentes.

Vivir aquí conscientemente significa tener piel de paquidermo, cordura a prueba de balas y a prueba de balas, jugosas cuentas bancarias en paraísos fiscales u orejeras del tamaño de nuestra indiferencia. O todos juntos. Nos impulsa un Sistema Nacional de Salud Mental basado en la construcción participativa multidisciplinar. Y no me refiero solo a tener buenos hospitales de salud mental para adultos o niños y adolescentes, estoy hablando de algo más orgánico a nivel nacional.

Cuando la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) demandó al Estado de Guatemala por las pésimas condiciones del hospital de salud mental Dr. Federico Mora (2012), decretó medidas cautelares a favor de dichos pacientes. Luego, un informe de la BBC lo presentó como uno de los peores hospitales de salud mental del mundo (2014). Posteriormente, y en respuesta a la solicitud de la CIDH, se tomaron varias medidas: se realizaron mejoras en el hospital; se conformó una mesa técnica conformada por las instituciones estatales encargadas de la salud mental, así como por la OMS, OPS y USAc; Se ha incrementado el presupuesto asignado y se han realizado esfuerzos que han resultado insuficientes para garantizar los derechos humanos de los pacientes.

Hoy este hospital es todavía insuficiente y no tenemos un sistema de salud mental en funcionamiento. Hay personas que no pueden pagar un hospital psiquiátrico privado o un psiquiatra privado. Algunos se quedaron ahí por años, sin que sus casos fueran investigados ni resueltos, y como escribí antes, hay personas que se apegaron de pequeños hasta que se volvieron antisociales, otros que allí envejecen solo por haber tenido un acto de rebelión en su comunidad en ocasiones, y algunas más con una discapacidad muy leve pero con tantas historias de violencia sexual en el hospital, que se las consideró material desechable o abusado.

Tenemos que salir de un siglo XIX en el que todos los que se consideraban inconvenientes para la sociedad estaban institucionalizados, por el motivo que fuera. Lo peligroso es hoy, sin duda, más externo que interno y la noción de “peligrosidad” es más discutible y lombarda que nunca. Incluso, como se establece en la medida cautelar MC-370-12, una persona en estas circunstancias debe ser tratada en crisis y para estadías cortas.

Después de una guerra, después de tanto abuso de la dignidad humana en los sucesivos gobiernos, después de tanta indignación, tanta injusticia y una pandemia, Guatemala merece un sistema nacional de salud mental. Descentralizar la atención en salud mental y ampliar el concepto de salud mental comunitaria, promoviendo procesos organizativos y de autogestión en las comunidades, esto es lo que debemos hacer, así como generar las condiciones para una vida digna para todos. Abordar la salud mental con relevancia cultural y lingüística, con enfoque de género, infancia, adolescencia y población LGBTIQTT + también está afectando. Todavía necesitamos construir un sistema con un enfoque basado en los derechos, que aclare mejor el papel de la promoción y prevención de la salud mental, al tiempo que enfatiza la inclusión de la salud mental en las escuelas primarias de atención médica en todo el país, entre muchas otras. .


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