Todos la violan

Congreso incapaz de modernizar legislación - Prensa Libre

Con frecuencia se menciona que Guatemala carece de seguridad jurídica y que este hecho tiene un impacto negativo en el potencial de crecimiento económico y desarrollo social. La debacle en torno al estado de Calamidad decretada por el Poder Ejecutivo es un caso más en el que no es posible determinar con precisión el grado de legalidad con que se pueden interpretar las acciones de los distintos actores institucionales. En el marco de la Constitución y las leyes vigentes en el país, se puede hacer un examen detallado del convenio con el Poder Ejecutivo que ha sido enviado al Congreso para su aprobación o desaprobación, con la esperanza de que este ejercicio arroje una conclusión. final, pero esto da como resultado una simple opinión.

Declaraciones orales y artículos escritos por diferentes abogados sobre el tema, eminencias legales, ofrecen interpretaciones contradictorias; cada uno de ellos pretende interpretar la letra de la ley. Como es habitual, el Tribunal Constitucional concede o rechaza un amparo para esclarecer e imponer definitivamente el orden jurídico, meta que logra a medias, debido a la creencia generalizada de que esta jurisdicción falla por conveniencia y no necesariamente de acuerdo con la ley. En Guatemala, la ley es solo una sugerencia, una cuestión de opinión.

La declaración del estado de Calamidad debe ser vista con escepticismo, ya que es inaceptable afirmar que este instrumento tiene alguna consecuencia real o efectiva para mitigar los efectos de la pandemia de covid en la población. En esta etapa de la emergencia, es difícil ver un objetivo saludable en la suspensión de las garantías ciudadanas, la imposición de un toque de queda y la ampliación de los poderes discrecionales. Abunda el murmullo y emerge el humor chapin. Estamos hablando de intenciones ocultas, intenciones ocultas y objetivos oscuros, como la facilitación de compras y negocios que esta medida ofrece a los funcionarios del gobierno.

En Internet circula una caricatura que muestra la figura icónica de la dama ciega de la justicia, con la balanza en una mano, una espada en la otra y con los ojos vendados, mostrando una prominente barriga embarazada. Un inquilino pregunta «¿De quién es el hijo?» A lo que otro responde «quién sabe, si todos aquí la están violando».

El Congreso avergonzó el tema y finalmente lo desaprobó. Se desenmascara una vez más la idea abstracta que se tiene de esta importantísima institución, como cuerpo colegiado de personas elegidas para conocer y debatir de manera razonada cuestiones legislativas a favor del bienestar social. En el ejercicio de conocer tal o cual iniciativa legislativa, los diputados, salvo contadas excepciones, no se dejarán persuadir por argumentos elocuentes, la superioridad de la razón, la evidencia histórica o la presentación de datos, para votar. Estos elementos son irrelevantes y faltan; en cambio, prevalece la transacción de intereses y la conveniencia política. Esto es trance, no deliberación. Los diputados se presentan o están ausentes del hemiciclo y votan según las pautas recibidas, no sobre el fondo de la propuesta o el ejercicio de la calma.

En la música de fondo de este drama, grupos organizados realizan actividades y maniobras para reorganizar la institucionalidad. Aumento de tono y volumen. Son pocos en número y están mal representados; en un futuro no muy lejano podrían sacar provecho de sus aspiraciones porque la gente está cansada. Impregna la sensación de que cuando la élite política tenga su sábado será porque se lo merecen sobradamente. El problema es que no sabemos cuál será la salida al otro lado del túnel.