Aliénor d'Aquitaine, ¿precursora del feminismo?

Aliénor d’Aquitaine, ¿precursora del feminismo?

Llegar a la fábula de Leonor de Aquitania, como hace Eva García Sáenz de Urturi, es una odisea. Sobre la duquesa de Aquitania y Guyena, condesa de Gascuña, reina de los matrimonios de Francia e Inglaterra, se han escrito varias novelas y se han volcado miles de páginas. Una vida controvertida, llena de claroscuro, desafía la imaginación de historiadores y narradores. No hay consenso sobre el año de su nacimiento. Su independencia frente a los hombres y la forma frontal en la que asumió la defensa de la mujer, llevan a muchos a tenerla como antecesora en las filas del feminismo. Sabía cómo manejar su libertad, ni siquiera dejaba que los reyes interfirieran en su vida. Libre de prejuicios, nunca ha estado vinculada a ninguna religión. Menos al catolicismo.

Quizás sea por estas razones que García Sáenz de Urturi se embarcó en la increíble aventura de escribir Aquitania, Premio Planeta, 2020, (México, 2021), dedicado a la promoción de Aliénor d’Aquitiane o Éléonore de Guyenne. Una gran novela como un atardecer en el Caribe. No para de concretar el año de nacimiento de Aliénor, que se lo deja a los historiadores, desea rearmar su vida desde otro ángulo. Ante una existencia llena de conmociones, acompañándola y sintiendo el enorme peso de reemplazar a su hermano Guillermo, asumiendo el Ducado de Aquitania, compartiendo la alegría de verla crecer dueña de sus acciones, deteniéndose a contemplar su facilidad para tomar lecciones de poder y gobierno dictados por sus preceptores. Su padre y su tío Raimond.

Con la intención de escribir una novela que hiciera una época -ya subió el primer escalón- solo siguió el camino de Margarita Yourcenar, quien tuvo la alegría de escribir una novela histórica, casi intransitable en todos los idiomas. –Recuerdos de Adriano, Gandhi, México, 2011. La escritora García Sáenz, entendió que, para escalar las estrellas, tenía que auscultar con precisión de cirujano todo lo que se había escrito sobre Lía de Aquitania. Basta consultar la abundante bibliografía para regocijarse y dar crédito al fascinante peregrinaje, emocional y físico del novelista, por las entrañas de la Aquitania medieval. Su paso en lo que fue la cuna, el testigo y el epitafio de Eleanor, como ella misma confiesa, le permitió regresar cargada de tesoros.

Con la sutileza de un ajedrecista, decidió fijar fechas y permitirse Ilicencias de creación. Los tomó conscientemente y los puso al servicio de la libertad que otorga la ficción. Estos son recursos que había utilizado anteriormente como escritora. Al elegir nombres, jugó con su propio criterio. No hay atajo que no esté permitido cuando se habla de fábula. En las novelas históricas, este es un riesgo que debe tomarse con la mayor precaución. Cualquier falsificación debilitaría la historia. Este mismo camino o pista tomó Thornton Wilder, con su admirable Los idus de marzo, (Editorial Salvat, 1995), como Margarita Yourcenar, con Recuerdos de Adriano. Sin estos saltos en el tiempo, les habría resultado imposible escribir y concluir tres novelas extraordinarias.

En la medida en que conoce y se apropia del personaje de Leonor, llena los huecos, estructura los diálogos; da por sentado sus relaciones clandestinas e incestuosas con su tío Raimond. Creían que nadie lo sabría jamás. En las monarquías infestadas de espías, donde la traición se repitió a cada momento, nada se mantuvo en secreto. Todo se supo. El espionaje fue recíproco. Desde el comienzo de la historia de los duques de Aquitania y los monarcas de Francia, comenzamos a deslizarnos por una pista de varios carriles. El hechizo salta y solo queda dejarse llevar por la velocidad de la historia, la brevedad y sabiduría de sus frases, su entusiasmo creativo y el dominio del suspenso (no hay prisa por revelar ante nuestros ojos, la secretos que ha desvelado a lo largo de la historia).

En el panel izquierdo del libro hay algunas claves para navegar en aguas turbulentas: “Alguien débil se echaría atrás. Alguien cobarde se congelaría. Alguien cauteloso se concentraría en su propia defensa. Alguien fuerte continuaría a pesar de la lesión. Alguien como ella, nieta del trovador, duquesa de Aquitania, hizo lo que gritaba la sangre: trepar. Toma el trono. Pasadnos a todos, aliados y enemigos, desde arriba «. Examinando las máximas, se comprende hasta qué punto ha penetrado García Sáenz de Urturi, la duquesa de Aquitania. Su agudeza da solidez a la reconstrucción histórica. Un mundo plagado de muertes misteriosas, golpes bajos, sin escrúpulos, lleno de defectos e infamias. Sin compasión por los demás. Los asesinatos son parte del ejercicio rutinario del poder.

Una constante recorre el camino: peligros, complots, negociaciones, mentiras, engaños, pretensiones, terquedad, matrimonios concertados a conveniencia, viajes, traiciones, envenenamientos, odios, corrupción, intemperancia, etc., un desfile sin fin. La muestra de una etapa histórica donde para alcanzar o permanecer en el poder, cualquier recurso era válido. La educación recibida por Leonor la volvió fría y desconfiada. Le habían prometido casarse con Luis VII, futuro rey de Francia, tenía apenas quince años y ya era dueña de un imperio. Una inmensidad que ha jurado defender de la voracidad de los Capetos. Nadie odiaba a Eleanor más que los franceses. Aún los extrañaba. Ellos nunca estarían a la altura de los suyos.

Las contradicciones con el rey de Francia son numerosas, la fundamental es el rechazo visceral de los Capetos. Poco a poco fue cambiando y cediendo, su incorporación a la corte le permitió comprender la bondad del rey. Ella se conmueve, invierte sus pretensiones. No estaba hecho para el trabajo, era demasiado grande para él. Carecía del instinto del poder que tenía de sobra. Su venganza contra los franceses sería darles hijos de ojos, piel y cabello oscuros. Sus deseos fueron defraudados. El tiempo sabe jugarnos una mala pasada. Ella se ha convertido en una aliada del rey. Con la muerte de niños en Vitry, el rey recibió el sobrenombre de «Quemado». No le gustaba la interferencia de la iglesia. Reprime al rey. Entonces, ¿quién gobierna Francia? ¿Nosotros de París o la Santa Madre Iglesia de Roma?

El español elogia el buen gusto de Aquitania y la influencia de Lía en la corte de Francia. Sus largas trenzas finalmente se establecieron entre la realeza. García Sáenz revela que los duques de Aquitania pertenecían a una familia culta, amateurs y conocedores de los clásicos, nada que ver con la visión de gente dura que los franceses tenían de ellos. El aprecio de su familia hizo que Eleonor dejara que su hermana Aelith se hiciera pasar por un hombre casado. La gente de Aquitania no tenía el picor de los franceses. Lía admitió, todo un desafío, que era la esposa del senescal del rey, quien admiraba el alma indomable de su hermana. Ante una iglesia corrupta, usó el dinero como ablandador y lo puso de su lado. San Denís, se construyó con sobornos de Aquitania.

Como casi todos los novelistas contemporáneos se ha decantado por la micro-narrativa, los escritores y lectores prefieren los capítulos cortos. Especialmente los nuevos. El recurso le permite escribir capítulos abiertos. Cada final abre el camino al comienzo del siguiente capítulo. Esta es la misma técnica que se utiliza para escribir telenovelas, guiones radiofónicos y telenovelas. Los novelistas adquieren la habilidad del narrador, excepto que su curso se ha trazado desde hace mucho tiempo. En seis o diez páginas, como máximo, desarrollan parte de la trama, o digresión, para incluir historias que se apresuran en torno a la trama principal. García Sáenz de Urturi utiliza esta modalidad. El libro tiene cuatro partes y sesenta y cuatro capítulos. La brevedad de la historia se compensa con la cadencia y el ritmo de su escritura.

Aquitania, novela aristocrática, reverberación histórica y reconfiguración de una época que marcó el destino de Europa. Las relaciones incestuosas recorren sus páginas con una naturalidad aterradora. Nadie se sorprendió al saber que el hombre o la mujer frente a ellos, incluidos ellos mismos, eran hijos del mismo padre. Guilhem IX de Aquitania, el Trovador, aprovechó su poder para sembrar los caminos de los expósitos. Los reyes tenían derecho a pernada. Sus vasallos solo tuvieron que apartar la mirada. Las lecciones sobre el arte de la política, resumidas en frases concisas, me recuerdan a Carlos Fuentes y su magistral La silla del águila, (Alfaguara, 2003). Tengo la impresión de que al final García Sáenz de Urturi sintió la necesidad de concluir la novela. ¿O no?

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