El premio mayor de una novela menor

El premio mayor de una novela menor

I

¿Cómo escapar de los juicios de los críticos en cualquier orden de conocimiento? Después de leer Vida y muerte de la imagen. Mira la historia de Occidente (Editorial Paidós, 1994) de Régis Debray, he concluido, como muchos, de su fecundidad. Su cultura, su sensibilidad y su conocimiento son fundamentales a la hora de afrontar los textos sobre los que ha descansado su mirada. Por supuesto, hay horrores vestidos con piel de oveja. No me refiero a estos, he llegado a la creencia de que en el La era del mercado, mucha gente ha puesto su sabiduría al servicio de los intereses económicos, por encima de cualquier otra consideración. Especialmente en el campo científico y literario. Algunos niegan el cambio climático y otros elogian las novelas, cuentos y poemas, más allá de su calidad literaria.

La reconstrucción arqueológica realizada por Debray combina pasado, presente y futuro. Al describir y criticar el origen y la naturaleza del arte y sus vínculos con la fotografía, la televisión, el cine y la computadora, su ejercicio es ilustrativo y categórico. Desde diferentes ángulos, su análisis de la pintura es similar al de Ernesto Sábato, en El escritor y sus fantasmas, (Seix Barral, 2011). Coinciden en el tratamiento y la forma en que revelan su esencia. La retrospectiva de Debray es reveladora. Sábato revisa a creadores, artistas y críticos, estemos o no de acuerdo con su tesis, para comprender su necesidad. Muestre su importancia. Hago hincapié en lo anterior al comienzo de mi viaje por la novela. Los abismosde la colombiana Pilar Quintana.

En la La era del mercado otros criterios prevalecen más allá de los criterios estéticos, el libro acaba convirtiéndose en un objeto comercial. Esta es tu consigna. Por mucho que insistan y sepan

Oponerse a los intelectuales, rompiendo las lanzas contra quienes lucen las banderas del mercado, sobre todo en la tradición cultural francesa, no han podido sacudir sus fortalezas. Permanecen inexpugnables. Leí dos veces la novela de la mujer colombiana, buscando aspectos que el tribunal consideró oportuno, para otorgarle el Premio Alfaguara de Novela 2021. Investigué el supuesto poder de su lenguaje y «Su prosa sutil y luminosa», sin encontrar atributos que parezcan sobrevalorados. La linealidad y simplicidad de la trama resta valor a la fuerza de la historia.

Estoy convencido de que los que leen Un mundo para Julius (40 años, edición conmemorativa. Alfaguara, 2011), estimaron justo oponerse a ellos. Una de las razones por las que el jurado eligió la novela de Quintana es que su personaje principal, Claudia, resulta ser una niña, como un niño en la obra maestra de Alfredo Bryce Echenique. Una comparación ilustrativa. Ayuda a percibir lo difícil que es darle voz a una niña en primera persona y dejarla modular la narración. ¿Cómo hacerlo creíble? Especialmente si está escrito en tiempo presente. El lenguaje debe adaptarse a la edad. No es una evocación del pasado.

Es dudoso que una niña use palabras extremadamente complicadas. Lo superan.

Los abismos no tiene la complejidad narrativa de Un mundo para Julius, la muerte de su padre cuando él tenía un año y el futuro matrimonio de su madre con Juan Carlos, plantean un desafío. En la vida de su madre hay un antes y un después. Bryce Echenique logra configurar mundos opuestos. No tan en Los abismos. Una historia fácil y sin fuerza narrativa. En la casa de Julius no existían las diferencias impuestas por el padrastro. Su familiaridad con la servidumbre persiste incluso con las crisis que provocan Juan Carlos. El parentesco entre Julius y Claudia son las coincidencias que mantienen para enredar a los empleados con preguntas. Su proximidad revela que los niños aún no han sido víctimas de la influencia de los adultos.

II

Desde lo más alto de su infancia, Claudia absorbe todo lo que sucede a su alrededor. Los problemas de una vida familiar estancados en las tinieblas, llenos de aburrimiento, sin alteraciones, ni grandes pretensiones. Su madre antes del trabajo era la típica ama de casa. Ávido lector de ¡Hola!, seguidora de Grace y Estefanía de Mónaco, Nathalie Wood y Karen Carpenters, son sus grandes referencias. Una hazaña a tu favor. Claudia es la primera en darse cuenta de la infidelidad de su madre. Los contratiempos posteriores, el silencio y la connivencia de su padre, la relación emocional con su tía y la necesidad de cómplices, hacen de Paulina, su muñeca, una especie de aliada, la única en la que confía. La borrachera de su madre y la misteriosa muerte de Rebeca dañan su salud emocional.

En una sociedad poblada de prejuicios racistas como la del Perú, Julius se ubica del otro lado, es un transgresor. Su mirada permanece atenta a todo lo que sucede. Desafíe la orden de llevarse bien con los sirvientes. Bryce Echenique carga a Julius con energía y carisma. Un chico encantador que se salta las convenciones. Sus padres viven atrapados en una burbuja, indiferentes a todo lo que no sea de ellos, comportamiento que a Julius no le importa. Los abismos carece de esta vitalidad. Claudia no vive para sí misma, cuida a su madre. Julius no participa del abuso de sus hermanos con los empleados y su madre lo ama. Su comportamiento despierta simpatía. Claudia, como Julius, ve, comprende y registra todo.

No hay nada más implacable que la mirada de un niño. Sus antenas son formidables. Se enteran de todo lo que está sucediendo. Nada pasa desapercibido. La mayoría de las veces, se mantienen callados por precaución. Los amores de su tía Amelia con Gonzalo abren las puertas a otro paisaje. Claudia comienza a darse cuenta de que hay un mundo más allá del suyo. Cuando Amelia se entera de la historia de amor de su hombre con su cuñada, la niña ya lo sabía. Claudia se abstiene de expresar en voz alta los contratiempos y ataques que la atormentan. Aspira a fortalecer la relación con su madre. Teme lo peor. Su dolor se debe al temor de que su madre se suicide. Sus revelaciones advierten a otros. Claudia nunca disfruta de su existencia. Vive aterrorizado.

La chilena Carla Guelfenbein, en El resto es silencio, (Alfaguara, 2015), sitúa a Tommy, un niño enfermizo, presa de los celos médicos de su padre, en el epicentro de la tragedia. Como Claudia, tiene voz propia y una comprensión acorde a su edad. La trama de la novela es compleja. Tienes mucha creatividad. Atormentado por la pérdida de su madre, entabla una relación íntima con Alma, la nueva compañera de Juan, su padre. Los dispositivos que utiliza Guelfenbein, para que Tommy expulse sus emociones, son los de un adolescente de esta época. Conociendo las nuevas tecnologías y Google, Tommy las utiliza para anotar lo que siente, sueña y desea. El viaje a su muerte fue saliendo al encuentro de su madre. Ella sufre las mismas obsesiones que Claudia.

Entrar en el mundo de los autores que han escrito novelas en las que los niños juegan un papel fundamental, nos permite comprender sus sentimientos. Dondequiera que se analizan las novelas de Bryce Echenique y Guelfenbein, son más consistentes en todos los sentidos que la entrega de Quintana. Tienen gracia y frescura. Los abismos cautivar no es suficiente. El escritor no sesga la novela, para mostrar que estamos ante una chica con unas cualidades particulares que la convierten en una figura decorativa. La tensión psicológica y la distancia que mantiene con su madre le dan Los abismos de sugerente peculiaridad. La desolación y el vacío espiritual de su madre y el miedo persistente de Claudia son ingredientes interesantes y reveladores. Después, no veo nada excepcional.

Tengo dudas si Los abismos ganó el Premio Alfaguara 2021. Entre dos mil cuatrocientos veintiocho autores participantes y siete previamente seleccionados, el jurado no encontró mejor. ¡Puedes creerlo! Es una alegría que miles de personas sigan escribiendo novelas. Buena seńal. Contrariamente a todo pensamiento pesimista, la literatura sigue reuniendo a su alrededor a millones de lectores. El ser humano no puede abandonarse a una vida miserable, cuyo antídoto sigue navegando en mundos paralelos, urdidos por estos imaginarios, capaces de seducirnos y embriagarnos de alegría o tristeza, en cada una de sus creaciones. Sin literatura, nuestra existencia sería menos digna y menos lúgubre. Nos mantiene vivos y emocionados.

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